Decidir es vivir: el arte de elegir y crecer en el camino
Desde que despertamos cada mañana, la vida nos presenta una infinidad de decisiones: ¿qué desayunar?, ¿qué ropa usar?, ¿por qué camino ir? Aunque parezcan triviales, estas pequeñas elecciones forman parte de una dinámica más profunda: vivir implica decidir.
Elegir no solo nos permite avanzar, sino que también nos construye. Cada decisión que tomamos —desde las más sencillas hasta las más trascendentales— moldea nuestra identidad, refleja nuestros valores y fortalece nuestra autonomía. Sin embargo, no siempre es fácil elegir. Muchas personas se paralizan ante la posibilidad de equivocarse, o simplemente postergan decisiones importantes por miedo o inseguridad.
Este artículo busca reflexionar sobre la importancia de tomar decisiones conscientes, y cómo estas forman parte esencial de nuestro crecimiento, madurez emocional e independencia personal.
1. Decidir: un acto cotidiano con profundo impacto
El ser humano elige constantemente. Incluso cuando evitamos decidir, ya estamos tomando una decisión. La psicología existencial, en especial la visión de Viktor Frankl (2004), sostiene que el ser humano es libre de elegir su actitud ante cualquier circunstancia. Esta libertad interior es la que nos hace humanos, incluso en contextos de adversidad.
Decidir no es solo una acción, es una declaración de quiénes somos y quiénes queremos ser. Por eso, cada elección representa una oportunidad de autoconstrucción: elegir un camino profesional, cerrar un ciclo, emprender un proyecto, poner límites, pedir ayuda, dejar ir… son todas formas de afirmarnos ante el mundo.
2. Tomar decisiones fortalece la madurez emocional
La capacidad de decidir conscientemente está directamente relacionada con la madurez emocional. A medida que crecemos, vamos dejando de actuar por impulso o desde el deseo inmediato, para evaluar nuestras elecciones desde un plano más reflexivo.
Una persona emocionalmente madura:
– Reconoce sus emociones, sin dejarse dominar por ellas.
– Evalúa consecuencias a corto y largo plazo.
– Tolera la incertidumbre y el error como parte del proceso.
– Toma decisiones alineadas a sus valores y no solo por complacer a otros.
Desde el enfoque humanista, Carl Rogers (1961) plantea que el desarrollo de una persona ocurre en la medida en que se hace más capaz de tomar decisiones congruentes consigo misma, lo que permite vivir de manera auténtica y coherente con su esencia.
3. Miedo a equivocarse: la trampa de la indecisión
Uno de los mayores obstáculos para decidir es el miedo a equivocarse. Este miedo suele estar alimentado por creencias rígidas como “debo tomar la decisión perfecta” o “no me puedo permitir fallar”.
Esta necesidad de certeza puede llevar a la procrastinación, a depender de la opinión de los demás o incluso a vivir en una constante ambivalencia.
Pero lo cierto es que equivocarse no invalida el valor de haber decidido, al contrario: nos ofrece aprendizaje. La vida no exige perfección, sino participación. Las personas más sabias no son las que nunca se equivocan, sino las que han aprendido de sus errores y han seguido eligiendo, a pesar del miedo.
Cuando siempre dejo que otros decidan por mí
Una forma silenciosa pero muy común de evadir la responsabilidad es ceder nuestras decisiones personales a otras personas, incluso en temas que solo nos corresponden a nosotros. Esto puede parecer comodidad o “seguir consejos”, pero en muchos casos encubre un miedo más profundo: el temor a asumir la responsabilidad de nuestras elecciones.
Cuando repetidamente dejamos que otros decidan por nosotros —amigos, pareja, familia, terapeutas, redes sociales— estamos cediendo también el control de nuestra vida. Puede sentirse más seguro culpar al entorno si las cosas no salen bien, pero esta postura tiene un costo emocional alto: nos desconectamos de nuestro poder personal y postergamos nuestro crecimiento.
Nadie puede decidir por ti qué camino tomar en tu desarrollo, qué valores seguir, qué relaciones sostener o qué versión de ti mismo deseas construir. Eso solo te corresponde a ti. Ceder esa decisión de forma crónica puede llevar a una vida que se siente ajena, incluso si cumple con lo que “se espera” de ti.
Recuperar el rol de protagonista de tu propia vida es un acto profundamente transformador. Comienza con decisiones pequeñas: elegir por ti, equivocarte por ti, aprender por ti… y crecer para ti.
“Vivir desde las decisiones de otros es habitar una vida prestada. Solo cuando decides por ti, comienzas a habitar tu propia historia.”
4. Identidad e independencia: dos frutos de decidir
Cuando tomamos decisiones propias —aunque no siempre salgan como esperábamos—, estamos construyendo nuestra identidad. Decidir qué sí y qué no, nos define. A través de nuestras elecciones cotidianas vamos dibujando nuestro mapa de vida.
Además, al decidir, también fortalecemos nuestra independencia emocional: dejamos de vivir a través de lo que otros esperan de nosotros y comenzamos a actuar desde nuestra propia brújula interna.
Esta independencia no significa aislarse ni desoír consejos, sino poder sostener nuestras decisiones con responsabilidad y libertad.
5. La vida como una sucesión de decisiones
A lo largo de la vida, cada etapa nos invita a tomar decisiones nuevas:
– En la adolescencia: ¿Quién soy?, ¿qué quiero hacer?, ¿a quién escucho?
– En la juventud: ¿Qué camino profesional seguir?, ¿con quién quiero compartir mi vida?
– En la adultez: ¿Cómo deseo vivir?, ¿qué es realmente importante para mí?
– En la madurez: ¿Qué legado quiero dejar?, ¿qué necesito soltar?
No importa la edad, siempre estaremos decidiendo. Y eso no es una carga, es una invitación a vivir con conciencia. La vida no es un destino fijo, sino un proceso en constante construcción.
Conclusión
Tomar decisiones es parte esencial del crecimiento humano. Cada elección que hacemos, por pequeña que parezca, moldea quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos. Decidir con responsabilidad, consciencia y libertad es un acto de valentía que nos conecta con nuestro poder personal.
Sí, decidir nos forma, nos transforma y nos da madurez. En lugar de temerle a la decisión, abracémosla como una oportunidad de evolucionar, de ser protagonistas de nuestra historia y de vivir con propósito.
“La vida es una suma de decisiones. Y cada una, nos acerca más a la persona que estamos destinados a ser.”
Bibliografía
Frankl, V. E. (2004). *El hombre en busca de sentido*. Herder Editorial.
Rogers, C. R. (1961). *El proceso de convertirse en persona*. Paidós.
D’Angelo, J. (2016). *Psicología del desarrollo humano*. McGraw-Hill.
Bucay, J. (2007). *El camino de la autodependencia*. Editorial Diana.

